Choice-based art education

Los estilos de aprendizaje, los intereses y los hábitos de juego de los niños reflejan los cambios en la sociedad en los últimos 40 años.  Continuamente recibimos información sobre cómo los modelos de enseñanza cambian y aparecen nuevas metodologías. La constante reconceptualización de lo que es y debe ser un plan de estudios lleva a re-imaginar el campo de la educación artística. Existen muchísimos discursos, teorías y pedagogías, basadas en el individuo y en sus emociones, que respaldan y justifican este cambio.

La educación artística tiene la oportunidad de trabajar con el alumno, con sus experiencias y sus elecciones sin comprometer el contenido de la asignatura.

Los profesores de arte pueden re-examinar los por “qués” y “cómos” de su pedagogía para ver si realmente están exigiendo y estimulando a sus alumnos. La imitación no induce a la comprensión ni tampoco toma en cuenta las habilidades individuales de los estudiantes para desarrollar sus propias ideas a través de la planificación, la colaboración, la innovación y la reflexión. El profesor que tiene bajo control cada aspecto de la enseñanza y el aprendizaje puede que nunca vea las diferentes posibilidades que afloran de cada uno de los niños, lo  que es verdaderamente importante en sus vidas.

Desde el punto de vista del niño, el aprendizaje artístico basado en la elección es simple y directo. Permite la búsqueda de ideas complejas con autonomía. Sin embargo, la enseñanza y el aprendizaje basados en la elección es una práctica desafiante para los maestros. A fin de proporcionar un aprendizaje independiente, el profesor debe estar organizado, ser flexible y responder a una variedad de inquietudes. El currículo emergente requiere ajustes y mejoras constantes, a menudo con la ayuda de los propios alumnos. Lo que funcionó bien un año puede no ser útil a lo largo del tiempo porque otros temas más relevantes surgen en años posteriores.

La educación artística basada en la elección se origina en el entorno escolar. El verdadero desafío de satisfacer las necesidades de todos los alumnos, combinado con los problemas físicos del tiempo, el espacio y los materiales, son realidades que a menudo se pasan por alto incluso en la mejor teoría educativa. Esta desconexión entre la teoría y la práctica es evidente cuando los investigadores se distancian del mundo real de las escuelas. En los últimos años la enseñanza artística basada en la elección se ha ido perfeccionado gracias a la investigación de profesores en ejercicio cada día en el aula.

¿Por qué enseñamos arte? ¿Es para alentar a los niños a experimentar la alegría y las luchas de un auténtico trabajo de estudio personal similar al de los artistas? ¿Es para enseñar expresión artística para que el alumno obtenga un conocimiento práctico de los medios y las técnicas? ¿Es para exponer a los niños a la cultura que rodea las artes y darles un contexto para el trabajo que están haciendo?

Si deseamos que nuestros alumnos hagan el trabajo de artistas, debemos ofrecerles la oportunidad de comportarse como artistas, pensar como artistas y actuar como artistas. Si no es en la asignatura de educación plástica, ¿entonces dónde?

La educación artística basada en la elección considera y respeta al niño como artista, bajo un principio de autonomía, los niños deciden lo que van a ser y a hacer, a partir de su propia historia y de sus experiencias particulares. Reconoce las experiencias artísticas previas de cada estudiante, considerando que si el aprendizaje se realiza con el placer de hacerlo por interés propio, se obtienen óptimos resultados, pues se aprende con la profundidad y la entrega individual requerida.

La educación artística basada en la elección sostiene que no puede haber una sola programación que satisfaga la gran variedad, curiosidad, intereses y personalidades que habitan en un aula.

Los niños no llegan vacíos al colegio; llegan con gran cantidad de experiencias de la práctica cotidiana, que determinan su interés particular; de historias familiares, que configuran emociones y que, influyen en el desarrollo de su personalidad y gustos artísticos.

El profesor respeta al niño como artista y prepara el escenario para una auténtica exploración creativa. Su deber es crear seguridad y confianza, una mayor confianza conduce y promueve acciones, que a su vez estimulan la iniciativa. Repetidas a lo largo del tiempo, estas acciones en espiral dan como resultado un crecimiento artístico.

También actúa como un apoyo y dador de conocimiento, recibe las ideas y los guía en el proceso, enseña técnicas y conceptos para que pueden afrontar mayores retos. Sigue una programación y cubre contenidos pero dentro de un proceso más significativo.

El gran estímulo externo, que el grupo recibe del profesor, es la motivación a tener la posibilidad de adquirir la libertad de aprender y de satisfacer sus gustos y preferencias, sin sentir imposiciones radicales sobre lo que deben hacer. Es una construcción autónoma del conocimiento, desde la elección del quehacer, la autodeterminación de aprender y la auto-evaluación del proceso de aprendizaje individual y colectivo.

La relación profesor-alumno es en un proceso de diálogo, cooperación, apertura permanente y crecimiento mutuo.

La elección es la primera creación. La educación artística basada en la elección es una herramienta esencial para un desarrollo y aprendizaje más significativo. Desde la primera acción, que es elegir, el niño está indagando en sus propias inquietudes y deseos. A partir del primer paso, está en constante evolución, planteando y resolviendo nuevos retos.

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